Abonos y fertilización


Abonos y Fertilización. Los abonos o fertilizantes aportan, junto al agua, las sustancias nutritivas que precisan las plantas. Tenemos a nuestro alcance una amplia variedad de preparados, que se clasifican en dos grandes tipos de abonos: los abonos químicos o minerales y los abonos orgánicos. Para los dos tipos de abonos es importante que sigamos cuidadosamente las instrucciones del envase. Puesto que, generalmente, las plantas de interior se cultivan en recipientes pequeños, la cantidad de tierra disponible para las raíces es pequeña y eso significa que debemos abonar en cantidades pequeñas, pero con una mayor frecuencia.

Los abonos químicos

Son sustancias de origen mineral, producidas por la industria química, o por la explotación de yacimientos naturales. Existen en el mercado muchas variedades de abonos químicos, que se denominan según sus componentes principales: nitrógeno, fósforo y potasio (NPK). Así, existen abonos nitrogenados, fosfatados y potásicos. Hay abonos compuestos, formados por dos o más nutrientes principales (nitrógeno, fósforo y potasio), además de alguno de los cuatro nutrientes secundarios (calcio, magnesio, sodio y azufre) o de los micronutrientes (boro, cobalto, cobre, hierro, manganeso, molibdeno y zinc), esenciales para el crecimiento de las plantas.

No todas las plantas necesitan la misma composición, ya que las de hoja verde necesitan un abono rico en nitrógeno, las de flores y frutos requieren una composición rica en fósforo y potasio y las acidófilas (son plantas que necesitan un suelo ácido para vivir, como la azalea) precisan un compuesto rico en potasio, además de hierro.

En el empaque del abono, además de indicar para qué tipo de planta es idóneo, el fabricante debe señalar el porcentaje de cada elemento de su composición química. También hay una gran variedad de presentaciones: en polvo, en pastilla, granulado, en barritas, líquido, líquido foliar… Los más habituales son el abono sólido y el abono líquido. ¿Cómo se aplica el abono sólido? La planta asimila este tipo de abono lentamente. Se debe aplicar después del riego y como máximo una vez al mes. Sin embargo, este tipo de abono no es aconsejable para las plantas de interior, porque en ellas casi siempre procuraremos mantener la tierra húmeda y esto provoca que el abono se deshaga antes de tiempo.

¿Cómo se aplica el abono líquido? Este tipo de abono, que se asimila de inmediato, es sin duda el más adecuado para plantas de interior. Para aplicarlo, debemos seguir los consejos del productor. Diluiremos el producto en el agua de riego las veces que sea necesario y si nos aconsejan verter una sola dosis, así lo haremos, pues si nos pasamos podríamos provocar quemaduras en la planta. En el momento de abonar, el sustrato siempre debe estar húmedo.

No debemos aplicar el abono sin diluir sobre la tierra seca, puesto que corremos el riesgo de quemar las raíces y, si así fuera, la planta ya no se recuperaría. En la mayoría de los casos, para las plantas de interior, no es necesario comprar un abono específico. Bastará con adquirir uno para hoja verde, rico en nitrógeno, que servirá para todas las plantas sin floración, y otro específico, rico en fósforo y potasio, para las plantas de flor —incluidas las orquídeas—.

Los abonos naturales u orgánicos

El abono orgánico es de procedencia animal o vegetal, y principalmente procede de los excrementos de animales —caballo, vaca, conejo, pingüino, gaviota, lombrices, etc.—. También se les conoce como estiércol, guano o humus. Para las plantas de interior utilizaremos preferentemente el humus, porque los demás suelen desprender olores desagradables. Abonos caseros, sencillos y económicos Tenemos en casa mil y una oportunidades de conseguir abonos orgánicos, utilizando los residuos que producimos habitualmente:

  • La tierra de las plantas de interior se enriquece enormemente si la mezclamos con cáscaras de huevo machacadas. Son poderosos fertilizantes naturales, ricos en calcio.
  • El té es también un formidable abono: al menos una vez al año, podemos esparcir el contenido de una bolsita por planta mediana sobre la tierra. Además de los nutrientes que le proporciona, la planta también se beneficia del aporte de materia orgánica que representa el contenido de cada bolsa.
  • El tabaco es beneficioso para las plantas: cada tres meses, aproximadamente, podemos esparcir el contenido de dos cigarrillos sobre la tierra de cada maceta. Esto dará fortaleza a nuestras plantas.
  • La ceniza del tabaco es también un formidable abono, si se utiliza con moderación, pero el exceso puede ser perjudicial.

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