Trepadoras y rastreras de vivos colores


Trepadoras y rastreras de vivos colores -


Al haber cada vez más gente familiarizada con las delicias que ofrece un invernadero ornamental —o su equivalente, el jardín interior— se advierte también la necesidad cada vez mayor de que las plantas floridas exóticas actúen como decoración viva y llena de colorido. Muchas de las plantas rastreras y trepadoras que describimos seguidamente florecerán en el mencionado medio siempre que gocen del adecuado calor en invierno, pero sería poco inteligente hacer la elección indiscriminadamente.

En un área pequeña sólo es posible conseguir un conjunto dado de condiciones de crecimiento, así que hay que seleccionar las plantas de acuerdo con eso. Una habitación cálida con sombra necesitará plantas bastante diferentes a las adecuadas para una sala iluminada, aireada y sin mucha calefacción. Desde luego, a menudo resulta posible brindar protección a las plantas amigas de la sombra colocándolas en un rincón. Pero las diferencias de temperatura son más difíciles de lograr en una habitación pequeña, aunque una pequeña urna cerrada o terrarium pueden servir para abrigar ejemplares delicados siempre que no sean muy grandes.

Algunos de los tipos menos vigorosos pueden ser cultivados también como plantas de interior si se logran las condiciones adecuadas. A menudo es más fácil lograrlo con las rastreras —Hypocyrta glabra es una planta de interior muy popular, por ejemplo—, pero algunas trepadoras se prestan asimismo a ello con ayuda de cañas, enrejados, o aros de alambre. La Hoya carnosa (flor de la cera), por ejemplo, florece algunas veces como planta muy pequeña.

Rastreras

Casi todas las plantas epifíticas ofrecen su mejor aspecto cuando se encuentran suspendidas en el aire, en cestas colgantes o en macetas con algún soporte. Imitando aún más su hábito natural, se las puede atar a una pieza de corteza que a su vez cuelgue de la pared o del techo. Los tres tipos que aquí se mencionan alcanzarán su máxima espectacularidad colgados al nivel de los ojos, de modo que sus tallos caigan dejando ver el extraordinario colorido de sus flores. Todas crecen perfecta-mente en cestas colgantes llenas con una mezcla de tierra que contenga bastante turba. Poniendo varias plantas, en lugar de un solo espécimen, en cada cesta se consigue un efecto mucho más llamativo cuando aparecen las flores.

Aeschynanthus (Trichosporum) lobbianus posee hojas elípticas que son verde oscuro en las plantas sanas, pero este color puede variar a verde pálido cuando han estado expuestas a demasiada luz. Sus espectaculares flores presentan tonos de rojo brillante con una garganta amarilla. Las flores de las Columneas son general- mente menos espectaculares que las anteriores, pero lo compensan con su mayor número. Una de las más conocidas, y probablemente la más fácil de cuidar, es Columnea x banksii, que produce masas de pequeñas hojas ovales sobre sus tallos firmes, y posee atractivas flores naranja—rojizas. Su facilidad de multiplicación a partir de esquejes es razón suficiente para su popularidad. C. microphylla tiene hojas mucho más pequeñas, suaves al tacto y carentes de la rigidez de las de la planta anterior, pero es interesante por sus flores rojizas. Donde haya una habitación amplia que permita el crecimiento de rastreras hasta los 2 ó 2’5 m, es ideal la C. «Stravanger»; se trata de una variedad con flores de 8 cm de longitud cuyo colorido abarca el rojo vivo, el naranja y un toque de amarillo.

Las Columneas florecen de manera óptima si la mezcla de cultivo se mantiene un poco más seca de lo normal justo antes de su época natural de florecimiento, que empieza en primavera. Les favorecen las condiciones de sombra y humedad, así como una temperatura media de 19 °C, pero crecen suficientemente bien a temperaturas inferiores siempre que se encuentren en sitio seco.

En el mismo medio, las Episcias crecen perfectamente. Existe un amplio margen de elección entre estas deliciosas plantas pequeñas que, además de tener unas flores muy atractivas, aunque pequeñas, presentan un hermoso follaje. Episcia cupreata es una de las más conocidas y origina pocos problemas. Sus hojas son de color cobre, suaves y velludas, y sus flores únicas son tubulares y de color amarillo-naranja. Hay casi una veintena de atractivas mutantes de E. cupreata que podrían formar por sí solas una interesante colección de plantas.

Trepadoras fuertes

Para dar al invernadero todo el esplendor del verano, la trepadora de mayor colorido es quizá la Bougainvillea, aunque su aspecto en invierno, cuando sus lanudas ramas se encuentran desnudas de follaje, no sea nada atractivo. Las flores púrpura brillante de Bougainvillea glabra son probablemente las más conocidas pero ahora hay muchos otros tipos, de coloridos más atractivos, que resultan igualmente fáciles de cuidar. Otra especie conocida es B. x buttiana «Mrs. Butt» (conocida como «Crimson Lake» en Estados Unidos), que crece con mayor libertad y ostenta flores de mayor tamaño y de color carmesí como indica su nombre americano («lago car-mesí»). Una popular variedad europea durante estos últimos años ha sido «Kiltie Carnpbell», que, como muchos otros excelentes cultivos, tiene su origen en Kenia. Su colorido presenta muchos tonos de naranja; a medida que pasa el tiempo cambian los colores de sus panochas de flores.

En invierno, las raíces de Bougainvillea deben conservarse secas y la planta razonablemente caliente. Cuando resulta inminente un nuevo crecimiento, al comienzo de la primavera, hay que empezar a regar normalmente. Si fuera necesario, trasplantar, una vez que haya echado una buena cantidad de hojas, a un recipiente ligeramente mayor, empleando mezcla John Innes 2. La maceta debe estar bien seca. En verano, las necesidades principales son buena luz, calor razonable y aire fresco, con algo de alimento de vez en cuando. Después, todo es cuestión de observar su crecimiento normalmente vigoroso y sentarse a admirar lo que suele ser un —auténtico derroche de color. El chinche de la harina (pág. 232) puede ser un problema, especialmente en las ramas altas más inaccesibles, pero si las condiciones de crecimiento son favorables no habrá dificultades.

Para una situación bien iluminada y aireada, las flores azules de Plumbago capensis pueden ser una verdadera delicia. Su cultivo no resulta difícil si, en lugar de hacerla crecer convencionalmente en maceta, se planta en una terracita estrecha del invernadero donde las raíces tengan espacio para avanzar libremente. Normalmente recibe el nombre de belleza del cabo.

Las blancas y aromáticas flores tubulares de Stephanotis floribunda añadirán interés a la colección del invernadero; además una vez prendida, esta planta no da demasiados problemas. Consérvese en un sitio seco durante el invierno, cuando resulta inevitable que pierda algunas hojas, y trátese el chinche de la harina tan pronto como se localice, ya que de otro modo resulta difícil recuperar los tallos entrelazados de la planta. Al final del verano, después del florecimiento, normalmente es necesario podarla para mantener bajo control el crecimiento excesivo.

Un tratamiento similar necesita la Hoya carnosa (flor de la cera) que, si acaso, crece de forma más rampante. Su principal atractivo lo constituyen los racimos de flores de cera, como broches que cuelgan de tallos cortos. También hay dos variedades variegadas que además poseen atractivas hojas carnosas: una, doradas y verdes; la otra, verdes con los bordes rosa tirando a color crema. Mucho más compacta, pero con similares flores colgantes de cera, es la soberbia H. bella. Sin embargo, es una planta de experto; necesita calor y sombra. Crece mejor en una cesta.

Una trepadora verdaderamente rampante que acaparará espacio si no se mantiene bajo estricto control es Passiflora caerulea (pasionaria). De hecho, en muchas regiones crece al aire libre. Su crecimiento será menos vigoroso —y la planta florecerá con más libertad— si las raíces se encuentran confinadas en una maceta que podría parecer demasiado pequeña para el ápice de crecimiento de la planta. Las flores son únicas, y sus diversas partes fueron empleadas por los antiguos misioneros cristianos en Sudamérica (donde se originó esta planta) para ilustrar el relato bíblico de la crucifixión, de donde viene su nombre común. Las flores son predominantemente blancas y púrpura-azulado, y miden 8 cm de anchura. Sin embargo, en la variedad «Constance Elliott» son totalmente blancas, y otras especies tienen flores de forma similar, pero con otros coloridos, aunque predominan el púrpura, el azul y el blanco.

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