El arte del bonsai


El arte del bonsai -


La palabra bonsái significa simplemente «una planta en una bandeja». Las primeras noticias fidedignas al respecto datan de comienzos del siglo XIV y es muy posible que su cultivo se iniciara mil años antes. Recientemente el interés por el bonsái se ha extendido por Occidente, habiéndose fundado clubs en la mayoría de los países.

Aunque algunas hierbas perennes y malas hierbas comunes se cultiven como bonsái de verano, se acepta como norma general que los bonsái son árboles o arbustos. Pueden recogerse en el campo, con el permiso del propietario del terreno si es necesario, ejemplares enanos debidos al suelo y a las condiciones climáticas en las que han crecido; o bien cultivarse a partir de semillas, cortando, acodando o injertando. Aunque gran número de los árboles bonsái producen semillas, cuando se plantan éstas no darán origen automáticamente a un árbol enano. Si crecen incontroladas adquieren la altura y forma propias de su especie. Son necesarios métodos especiales de cuidado. Cuando se ve por primera vez un arce idéntico al que crece en el jardín o una pradera, excepto en que sólo mide 30 cm de altura, es excusable que se le considere con una cierta incredulidad. ¿Cómo es posible mantener tan pequeño un árbol? ¿Exige una gran destreza y habilidad? De hecho, la miniaturización de un árbol o arbusto no resulta nada difícil, aunque es tarea que requiere tiempo paciencia.

Las necesidades diarias de un árbol bonsái son exactamente las mismas que las de cualquier otro árbol. No hay que dejar que se seque; necesita alimento y una buena mezcla de cultivo para que las raíces se desarrollen. Y necesita aire y luz; ningún bonsái puede mantenerse permanentemente en el interior. Inicialmente, al confinar cualquier planta de sistema reticular amplio en un recipiente, tenderá a crecer más lentamente que cuando está libre, pero seguirá haciéndolo, y es esencial que se mantenga un equilibrio natural entre el tamaño del conjunto de raíces y la amplitud del crecimiento de la copa. Por tanto, es necesario podar esta última para mantener sano el árbol y conservar su tamaño y forma.

El cultivo del bonsái no es cruel; no lo es más que tener plantas caseras en maceta o podar los frutales o setos. Produce flores y frutos en la estación y si se cuida adecuadamente sobrevivirá más que sus congéneres en el campo o el bosque. Hay árboles bonsái de centenares de años. Son muy apreciados entre los aficionados y los entusiastas pudientes pagan altos precios por estos raros y bellos especímenes. Pero los principiantes en el cultivo bonsái, lo mismo que los artistas aficionados, se consolarán con saber que sus propios esfuerzos resultarán tan satisfactorios como cualquiera de estas piezas maestras.

Árboles para el cultivo bonsái

Como el objeto del bonsái es reflejar en miniatura toda la forma de un árbol silvestre maduro, hay que tener cuidado al elegir las variedades para el cultivo, puesto que las distintas partes del árbol deberán mantenerse a una escala razonable. En términos generales, son preferibles las especies con agujas u hojas pequeñas, ya que, aunque las de los árboles de hoja caduca pueden reducirse en tamaño hasta un cierto grado, la tarea resulta mucho más difícil con las coníferas.

Los árboles perennes más populares para el bonsái son los pinos (Pinus), enebros (Juniperos) y piceas (Picea). Los dos últimos suelen tener hojas aciculares muy cortas. Entre los pinos se prefieren las variedades de aguja corta, aunque el pino negro japonés (Pinus thunbergii) puede ver reducido el tamaño grande de las suyas quitando cada dos años todas las nuevas. Otros perennes populares son Cryptomeria (cedro japonés) y el tejo (Taxus).

En la mayoría de los árboles de hoja caduca puede reducirse notablemente el tamaño de éstas trasplantando en maceta con muy poca frecuencia y haciendo esquejes foliares. También aquí se prefieren las variedades de hoja menuda: varios arces (Acer), olmos (Ulmus y Zelkova), carpes (Carpinus), hayas (Fagus) y abedules (Betula).

Al elegir árboles con flores y frutos hay que tener en cuenta el tamaño de éstos y de las hojas de forma que se mantengan las proporciones todo el año. Por ejemplo, un manzano normal puede resultar muy raro cuando tiene frutos, pero un manzano silvestre (Malus) estará a escala perfecta si los frutos son del tamaño de una cereza grande. Muchos arbustos de flores y frutos pequeños, tales como Cotoneaster, constituyen excelentes bonsái.

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