Cómo cultivar rosales en interiores


Cómo cultivar rosales en interiores -


Las rosas probablemente sean las más populares de todas las flores de jardín y, no obstante, pocas personas intentan cultivarlas en interiores. Es una lástima, ya que un rosal de interior produce los capullos más exquisitos, con condiciones y tratamiento adecuados.

Al ser plantas de exterior vigorosas y resistentes, las necesidades primarias de los rosales son la abundancia de luz, de agua y de alimento, y unas condiciones razonables de frío y aire. Una habitación con exceso de calefacción, mal ventilada y con poca luz no les conviene en lo absoluto; los tallos crecerán delgados y débiles, y las hojas se caerán. Deben crecer en un porche, una habitación jardín o un invernadero ornamental soleado y aireado, y desde luego en un invernadero de producción, donde millones de rosales son cultivados por el florista comercial. Las variedades más pequeñas crecerán bien en un alféizar soleado. Pero ningún rosal puede convertirse en planta de interiores permanente; siempre debe gozar de un período de «descanso» en el exterior durante parte del año.

Variedades de rosas cultivables

Casi todos los tipos más vigorosos de rosales (especies, variedades e híbridos de Rosa) pueden crecer en interiores, en la medida en que se elija debidamente su punto de colocación. Los trepadores constituyen espléndidos ejemplares para cubrir la pared del fondo de un invernadero ornamental o sus pilares, por ejemplo, pero si no resultan demasiado vigorosas. Es mejor plantarlas permanentemente en un lecho de tierra rica. Para habitaciones jardín o porches, los rosales arbustivos de crecimiento más bajo pueden crecer en macetas y ser obligadas a dar capullos tempranos. Hay que elegir variedades Tea si se quieren exquisitas flores grandes, Floribundas para racimos de flores de tamaño mediano y Polyanthas si se prefieren masas de capullos más pequeños.

Los rosales diminutos que crecen solamente de 20 a 30 cm de altura resultan ideales para alféizares de ventana, pero entre éstos y los arbustivos normales hay un grupo especialmente adecuado para la vida en interiores. Se trata de las variedades Garnette, que fueron criadas por primera vez en Alemania y probablemente tienen un período de florecimiento más largo que cualquier otro rosal. Forman compactas plantas arbustivas de unos 60 cm de altura, y poseen pequeñas flores dobles que brotan en racimos.

Cultivo de rosales

Para que el rosal arbustivo tenga capullos en primavera, hay que empezar a trabajar en otoño. Las plantas jóvenes de las variedades arbustivas deben plantarse en macetas de 20 ó 25 cm y las miniatura en macetas de 10 ó 12 cm. Emplear una mezcla rica, como John Innes 3, y apretarla firmemente en torno a las raíces. Regar las plantas y colocarlas al aire libre hasta mediados del invierno. Si es posible, sumergir las macetas en tierra; si no, emplear estiércol de turba para evitar que se congelen.

A mediados del invierno, podar los arbustos. Cortar cualquier rama débil y después los demás tallos hasta la misma altura de los tres o cuatro brotes fuertes que salgan de la base. Las plantas ya pueden pasar al interior. Lo ideal es que la temperatura aumente lentamente durante los meses siguientes, de unos 5 °C por la noche y 8 °C durante el día a mediados del invierno a unos 13 °C por la noche y 18 °C durante el día a finales de primavera. Si no, elegir un lugar frío e iluminado.

Durante este período de crecimiento, la mezcla de tierra debe mantenerse bastante húmeda. Una vez que los capullos se empiezan a formar, hay que pulverizar un fertilizante líquido cada 8 ó 10 días. Las pulverizaciones sobre el follaje son fundamentales para mantener la humedad. Este tratamiento debe prolongarse a lo largo de la estación de las flores, que se extiende hasta comienzos del verano. Arrancar todos los florecimientos muertos y vigilar las plagas y enfermedades empleando un insecticida o fungicida sistémico si fuera necesario.

Cuando las plantas dejan de florecer, sacarlas al exterior, y de nuevo, si es posible, sumergir las macetas en tierra. Regarlas con regularidad en tiempo seco y arrancar cualquier capullo que crezca. Si se quiere forzarlas de nuevo, trasplantarlas a tierra nueva en otoño. Si no, quitar los 4 ó 5 cm superiores de la tierra de la maceta y sustituirlos por tierra nueva. Después, a mediados del invierno podar y pasar al interior la planta una vez más. Sin embargo, no hay que esperar que las plantas respondan bien a este tratamiento más de dos o tres veces.

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